Oración de la santa muerte para que regrese un amor

El mensaje de Dios Padre. “CUANDO LLEGUE TU MUERTE

Intentaré hoy vivir una vida sencilla, sincera y serena, repeliendo prontamente todo pensamiento de descontento, ansiedad, desánimo, impureza y búsqueda de sí mismo; cultivando la alegría, la magnanimidad, la caridad y el hábito del santo silencio; ejercitando la economía en los gastos, la generosidad en las dádivas, el cuidado en la conversación, la diligencia en el servicio señalado, la fidelidad a toda confianza y una fe infantil en Dios.

Concédenos paciencia, Señor, para seguir el camino que tú has tomado. Que nuestra confianza no descanse en nuestro propio entendimiento, sino en tu mano guiadora; que nuestros deseos no sean para nuestra propia comodidad, sino para la alegría de tu reino; porque tu cruz es nuestra esperanza y nuestra alegría ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Dios santo, tu conocimiento de mí excede lo que yo capto o veo en cualquier momento; me conoces mejor que yo mismo. Ayúdame a confiar en tu misericordia, a verme a la luz de tu santidad, y concédeme la gracia de tener una verdadera contrición, hacer una confesión honesta y encontrar en ti el perdón y la remisión perfecta. Amén.

Oración por una fe como la de Jacob, Lucha en la fe con Dios, Señor

“El sentido cristiano de la muerte se revela a la luz del Misterio Pascual de la Muerte y Resurrección de Cristo, en quien reside nuestra única esperanza. El cristiano que muere en Cristo Jesús está “lejos del cuerpo y en casa con el Señor” (2 Cor 5,8)”.

Las siguientes oraciones pueden recitarse con el moribundo, alternando con momentos de silencio. A veces, la misma oración debe repetirse muchas veces. También son apropiados el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria. Se puede firmar al moribundo en la frente con la cruz, como se hacía en el bautismo.

Cuando la familia se reúne por primera vez en torno al cuerpo, antes o después de prepararlo para el entierro, se pueden utilizar todas o algunas de las siguientes oraciones. Es muy conveniente que, cuando sea posible, los familiares participen en la preparación del cuerpo para la sepultura.

Oración al Sagrado Corazón de Jesús | PODER DE ORACIÓN

También nosotros, oh Dios, descenderemos a la tumba cuando te plazca, como te plazca y donde te plazca. Que se cumplan tus justos decretos; que nuestros cuerpos pecadores vuelvan a su polvo natal, pero, en tu gran misericordia, recibe nuestras almas inmortales, y cuando nuestros cuerpos hayan resucitado, colócalas igualmente en tu reino, para que te amemos y bendigamos por los siglos de los siglos.

Querido Dios y Padre mío, Señor de la vida y de la muerte, con un decreto inmutable has establecido que, como justo castigo por nuestros pecados, todos tengamos que morir. Mírame aquí inclinado ante ti. Desde el fondo de mi corazón, aborrezco mis faltas pasadas, por las que he merecido mil veces la muerte, una muerte que ahora acepto como expiación de mis pecados y como prueba de mi sumisión a tu amable voluntad. Oh Señor, felizmente moriré en el momento, en el lugar y de la manera que tú quieras. Y hasta ese día aprovecharé los días de vida que me quedan para luchar contra mis defectos y crecer en tu amor, para romper los lazos que atan mi corazón a las criaturas, y para preparar mi alma para aparecer en tu presencia; y desde este momento me abandono sin reservas en los brazos de tu paternal providencia.

Poderosa Oración de Protección a Jesús de Gran Poder

Enséñanos, te rogamos, la humildad de corazón, para que seamos contados entre los pequeños del Evangelio a quienes el Padre prometió revelar los misterios de su Reino. Ayúdanos a orar sin cesar, seguros de que Dios sabe lo que necesitamos incluso antes de que se lo pidamos. Obtén para nosotros los ojos de la fe que nos ayuden a reconocer en los pobres y en los que sufren, el rostro mismo de Jesús. Sosténganos en la hora de la angustia y de la prueba y, si caemos, permítanos experimentar la alegría del sacramento del perdón. Concédenos tu tierna devoción a María, madre de Jesús y madre nuestra. Acompáñanos en nuestra peregrinación terrenal hacia la Patria bendita, donde también nosotros esperamos llegar para contemplar para siempre la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Oh María, Virgen poderosísima y Madre de misericordia, Reina del cielo y Refugio de los pecadores, nos consagramos a tu Corazón Inmaculado. Te consagramos nuestro propio ser y toda nuestra vida; todo lo que tenemos, todo lo que amamos, todo lo que somos. A ti te damos nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras almas; a ti te damos nuestros hogares, nuestras familias, nuestra patria. Deseamos que todo lo que hay en nosotros y a nuestro alrededor te pertenezca y participe de los beneficios de tu bendición maternal.

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