Para que sirve la oracion de san ignacio de loyola

Oración de examen de San Ignacio

Al final del día, pide al Espíritu Santo que guíe tu memoria sobre los acontecimientos y conversaciones del día. Da gracias por las bendiciones del día. Pide perdón a Dios si te has alejado del camino de la verdad, la compasión y la bondad de Jesús. Pide a Dios que te ayude con cualquier patrón negativo que veas en tu vida, o que te dé fuerza y sabiduría para afrontar los próximos acontecimientos o problemas. Puedes hacer esta oración una vez al día, dos veces al día, tres veces al día; lo importante es desarrollar un patrón que sea el mejor para ti. Para saber más sobre el Examen, haz clic aquí.

Sólo tienes que elegir qué personaje vas a ser y entrar en la escena en la que Jesús cura a alguien, da una enseñanza o alimenta a miles de personas. Puedes ser un personaje principal de la historia, o puedes ser un espectador o un amigo que simplemente inventas para esta oración. No te distraigas tratando de ser históricamente preciso: no se trata de que interpretes la Escritura de forma erudita. Se trata de encontrar a Jesús. Pide al Espíritu Santo que guíe esta función tan espiritual, la imaginación humana, hacia donde necesitas ir.

¿Qué es una oración ignaciana?

La Oración Ignaciana nos pide: Usar nuestra imaginación para explorar las profundidades de una historia evangélica. Considerar nuestras propias reacciones y sentimientos ante un relato evangélico. Hablar directamente con Dios sobre lo que nos deleita y lo que nos perturba en un relato evangélico.

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¿Cuál es el objetivo de la oración de examen?

El Examen: Una oración diaria

El Examen de San Ignacio de Loyola es una oportunidad para una oración diaria reflexiva y pacífica. Nos invita a encontrar el movimiento de Dios en todas las personas y acontecimientos de nuestro día. El Examen es simplemente un conjunto de indicaciones introspectivas que puedes seguir o adaptar a tu propio carácter y espíritu.

¿Cuál era el mensaje principal de San Ignacio?

Ignacio declara: “La meta de nuestra vida es vivir con Dios para siempre. Dios, que nos ama, nos ha dado la vida. Nuestra propia respuesta de amor permite que la vida de Dios fluya en nosotros sin límite…. Nuestro único deseo y nuestra única elección debe ser ésta: Quiero y elijo lo que mejor conduce a la profundización de la vida de Dios en mí”.

Oración de entrega de san ignacio de loyola

La espiritualidad ignaciana, también conocida como espiritualidad jesuita, es una espiritualidad católica basada en las experiencias del santo español del siglo XVI Ignacio de Loyola, fundador de la orden de los jesuitas. La idea principal de esta forma de espiritualidad proviene de los Ejercicios Espirituales de Ignacio, cuyo objetivo es ayudar a uno a “conquistarse a sí mismo y regular su vida de tal manera que ninguna decisión se tome bajo la influencia de cualquier apego desmedido”. Los Ejercicios pretenden dar a la persona que los realiza un mayor grado de libertad de sus propios gustos y disgustos, de modo que sus elecciones se basen únicamente en lo que discierne que es la voluntad de Dios para ellos[1]. Incluso en la composición de los ejercicios por parte de Ignacio al principio de su carrera, se puede encontrar el impulso apostólico de su espiritualidad en su contemplación sobre “La llamada del Rey Terrenal”[2]: 91ss y en su contemplación final con su enfoque en encontrar a Dios en todas las cosas[3][2]: 235

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La espiritualidad ignaciana ha sido descrita como una espiritualidad de encontrar la voluntad de Dios para tomar mejores decisiones[5]. Según Hans Urs von Balthasar, la “elección” es el centro de los Ejercicios[6].

Oración de la novena a San Ignacio de Loyola

Oh Glorioso Patriarca, San Ignacio, te suplicamos humildemente que nos obtengas de Dios, por encima de todas las cosas, la libertad del pecado, el mayor de los males. Que tu ejemplo inflame nuestros corazones con una eficaz gloria a Dios y el bien de nuestro prójimo; y que obtengas del amoroso Corazón de Jesús, nuestro Señor, la corona de todas las demás gracias, el don de la perseverancia final y la eterna beatitud. Amén.

San Ignacio nació el 24 de diciembre de 1491 en el castillo de Loyola en Guipúzcoa, España. En 1506, se convirtió en paje al servicio de un distinguido noble. Al año siguiente se alistó en el ejército y, mientras defendía la pequeña ciudad de Pamplona, fue gravemente herido por una bala de cañón. Durante su larga recuperación, Ignacio leyó numerosos textos sobre la vida de Cristo y la vida de los santos. Conmovido por sus actos heroicos, experimentó una profunda conversión espiritual. En 1522, viajó al monasterio benedictino de Montserrat, donde dejó su espada en el altar de María en dedicación a ella. Emulando a Francisco de Asís, pasó meses en una cueva cerca de la ciudad de Manresa y comenzó sus famosos Ejercicios Espirituales.

Estampa de San Ignacio

San Ignacio nació el 24 de diciembre de 1491 en el castillo de Loyola en Guipúzcoa, España. En 1506, se convirtió en paje al servicio de un distinguido noble. Al año siguiente se alistó en el ejército y, mientras defendía la pequeña ciudad de Pamplona, fue gravemente herido por una bala de cañón. Durante su larga recuperación, Ignacio leyó numerosos textos sobre la vida de Cristo y la vida de los santos. Conmovido por sus actos heroicos, experimentó una profunda conversión espiritual. En 1522, viajó al monasterio benedictino de Montserrat, donde dejó su espada en el altar de María en dedicación a ella. Emulando a Francisco de Asís, pasó meses en una cueva cerca de la ciudad de Manresa y comenzó sus famosos Ejercicios Espirituales.

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En 1523, fue a Roma y luego a Jerusalén, pero regresó a Barcelona para estudiar. Pasó los siguientes once años estudiando en Alcalá, Salamanca y París, y fue durante este tiempo cuando conoció a compañeros, entre ellos Francisco Javier, que serían el núcleo de su grupo, conocido hoy como los jesuitas. Hicieron votos de pobreza y castidad, con la esperanza de hacer peregrinaciones misioneras a Tierra Santa pero con la promesa de un servicio especial al Papa. En 1537, viajaron a Italia para ser ordenados.

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