Oracion acaso no estoy yo aqui que soy tu madre

Nuestra Señora de Guadalupe

“[A] semejanza de María, que fue mujer, virgen y madre, [las mujeres deben] vivir con los ojos puestos en Dios, repitiendo sus palabras fiat mihi secundum verbum tuum – ‘hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1, 38). De estas palabras depende la fidelidad a la propia vocación personal”.

Siempre que la Virgen se aparece en la tierra es para recordarnos algo que estamos descuidando. Ella nunca viene a revelar algo nuevo, sino a expresar de manera nueva y contundente lo que ya deberíamos saber. Nos exhorta a vivir de acuerdo con lo que creemos: sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre ella misma.

En Guadalupe preguntó a San Juan Diego: “¿No soy yo tu Madre? ¿Necesitas algo más?”. Su mensaje fue un enfático deseo de ser nuestra madre de la manera más tierna: “¿No estás bajo mi sombra y protección? ¿No soy yo la fuente de vuestra alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿No necesitas nada más?”.

La Virgen es la Madre de Dios, exaltada sobre los cielos como Reina del cielo y de la tierra, pero sigue siendo nuestra Madre, la hermana de nuestra carne. Es de nuestra especie. Nos resulta difícil combinar en nuestra imaginación su gran majestuosidad y su preocupación por los acontecimientos y las luchas más humildes que conforman nuestra vida, pero es cierto. Eso es lo que hacen las madres. Y eso es lo que la Virgen vino a decirnos a Guadalupe.

Las palabras de nuestra señora de guadalupe

“¿No estoy aquí, yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y protección? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿No necesitas nada más? Que nada más te preocupe, te perturbe”. – Palabras de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el monte Tepeyac en 1531.

Estas palabras llegaron en un momento en que Juan estaba muy angustiado por su tío enfermo. En lugar de regresar al Tepeyac, como le había ordenado la Virgen el día anterior, Juan tomó las riendas del asunto y se apresuró a buscar un sacerdote que atendiera a su tío. En el camino, la Virgen se le apareció y le preguntó a Juan qué le pasaba. Él le explicó que volvería cuando encontrara un sacerdote para atender a su tío. Qué amorosas y tranquilizadoras son las palabras de María entonces… y ahora.

Nuestro Señor Jesús, desde la Cruz, nos confió a María como nuestra Madre, y sin embargo, cuántas veces seguimos tomando las cosas en nuestras manos en lugar de acudir a ella en busca de ayuda. Nos apresuramos a buscar soluciones a nuestros problemas, cuando deberíamos dirigirnos primero a María, la mujer “vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”. Si nos detuviéramos y escucháramos, oiríamos al Espíritu Santo hablar a través de María diciendo de nuevo: “Haced lo que él os diga”.

No estoy aquí que soy tu madre en español

La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe de las Américas en México en 1531, al comienzo de la era de la evangelización, cambió el curso de nuestra historia y ha tenido un impacto duradero en nuestros corazones. Ella viene en nuestra ayuda, permanece a nuestro lado, nos acompaña y nos guía al encuentro con Cristo. Apareció como una más del pueblo, aceptándonos como nosotros la aceptamos a ella. “La Morenita” es una de nosotros.

La Virgen María aceptó acompañar a un nuevo grupo de personas, ayudándoles a adherirse al corazón de su hijo e inculcar en sus corazones la fe en Cristo. Su acercamiento y aparición ante Juan Diego le motivó a aceptar la misión que ella le pedía; sintió en su corazón que algo grande había sido concedido a su pueblo.

Este es el encuentro que llevó a nuestros antepasados a aceptar el mensaje de Jesús, del que surgió una nueva cultura que sigue aceptando el mensaje de fe que nuestra “Virgen Morena” trajo a estas tierras.

La Virgen le dijo a Juan Diego: “Escucha y comprende, hijito mío, que nada te asuste ni te aflija ni te turbe el corazón… ¿No estoy yo aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por casualidad bajo mi manto?”. Hoy en día, estas palabras son aún más relevantes debido a esta pandemia mundial que amenaza la vida y a la que nos enfrentamos.

No dejes que tu corazón se perturbe nuestra señora de guadalupe

Ten por cierto, hijito mío, que yo soy la perfecta y perpetua Virgen María, Madre del Dios verdadero por quien todo vive, el Señor de todas las cosas cercanas y lejanas, el Dueño del cielo y de la tierra.

Quiero y deseo intensamente que en este lugar se erija mi santuario. Aquí demostraré y exhibiré y daré todo mi amor, mi compasión, mi ayuda y mi protección al pueblo. Yo soy vuestra Madre misericordiosa. La Madre misericordiosa de todos ustedes que viven unidos en esta tierra, y de toda la humanidad, de todos los que me aman. Aquí escucharé su llanto, su dolor, y remediaré y aliviaré todos sus múltiples sufrimientos, necesidades y desgracias.

Escucha, pon en tu corazón, hijo mío más joven y querido, que lo que te asusta, lo que te aflige, no es nada: no dejes que te perturbe… ¿No estoy yo aquí, yo que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y protección? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Necesitas algo más? Que nada más te preocupe o te perturbe.

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