El servicio en la Iglesia

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith

Sirvamos fielmente en nuestros respectivos llamamientos bajo la dirección de la autoridad del sacerdocio.

De la vida de Joseph F. Smith

Después que el presidente Joseph F. Smith había prestado servicio como apóstol durante cuarenta y cuatro años y como Presidente de la Iglesia durante nueve, dijo lo siguiente en la conferencia general de octubre de 1910: “Me siento feliz esta mañana de tener el privilegio de decirles que en los días de mi infancia y adolescencia hice una promesa a Dios y a Su pueblo de serles leal”. Y explicó que desde esa época había servido fielmente en todo llamamiento que se le había dado:

“Al contemplar las experiencias de mi vida, no puedo percibir ni recordar ninguna circunstancia, desde el principio de mi paso por el mundo, en que haya pensado ni por un momento en aflojarme o descuidarme en el compromiso y la promesa que hice a Dios y a los Santos de los Últimos Días en mi niñez… Como élder de Israel, he tratado de ser leal a ese llamamiento; he tratado al máximo de honrar y magnificar ese llamamiento. Cuando llegué a ser un setenta, sentí profundamente que debía ser fiel a ese llamamiento y me esforcé por serlo, con toda la inteligencia y el fervor de mi alma. No sé de ninguna acción ni circunstancia de mi vida, no recuerdo ninguna, en que haya sido desleal o infiel a estos llamamientos en el Sacerdocio del Hijo de Dios. Más adelante, cuando se me llamó a servir como apóstol y se me ordenó apóstol, y cuando me apartaron para ser uno de los Doce, me esforcé por honrar ese llamamiento, por ser fiel a él y a mis hermanos, a los de la familia de la fe y a los convenios y obligaciones inherentes a la recepción de este Santo Sacerdocio que es según el Orden del Hijo de Dios. No estoy al tanto de haber violado nunca ninguna de mis obligaciones o compromisos en estos llamamientos que he recibido. He procurado ser leal y fiel a todo esto”1.

El presidente Smith amonestó a los santos a comprometerse en la obra del Señor y a prestar servicio devoto —en llamamientos del sacerdocio, en las organizaciones auxiliares de la Iglesia y otras clases de servicio abnegado—, honrando siempre a la autoridad del sacerdocio que los haya llamado y los dirija.

Enseñanzas de Joseph F. Smith

Se da el sacerdocio para el ministerio de servicio.

El sacerdocio no se da para que el hombre reciba honores ni elogios sino para el ministerio de servicio entre aquellos por quienes son llamados a trabajar los que reciben esa sagrada comisión. Recordemos que aun nuestro Señor y Maestro, después de haber ayunado extensamente y estar físicamente desfalleciente y debilitado por las agotadoras vigilias y la continua abstinencia, resistió la sugerencia del supremo tentador de emplear Su autoridad y poder mesiánicos para satisfacer Sus necesidades inmediatas.

Los títulos dados por Dios, de honor y de más valor que el reconocimiento humano, que se relacionan con los diversos oficios y órdenes del Santo Sacerdocio, no deben emplearse ni considerarse de la misma manera que los que se originan en el hombre; no son una condecoración ni una indicación de dominio sino más bien de un nombramiento al servicio humilde en la obra del único Maestro al que profesamos servir2.

He conocido a élderes que durante toda su vida han estado “siempre listos”; jamás han cuestionado ni por un momento los llamamientos que se les han extendido ni se han detenido a considerar su propio interés temporal; han ido y venido a solicitud de sus hermanos en el servicio de sus semejantes y del Señor… Estaban disponibles, como el guardián vigilante, casi sin detenerse a pensar en sí mismos… Y lo han hecho de todo corazón, sin considerar nunca pesadas sus labores, sino, por el contrario, obteniendo de ellas gozo, placer y constante satisfacción… Todavía están listos y dispuestos a ir o venir, a hacer lo que sea que se requiera de ellos, considerando en todo momento sus deberes del sacerdocio de mayor importancia que cualquier deseo personal3.

Las reuniones semanales de los quórumes del sacerdocio… no sólo aumentarán la eficacia del sacerdocio con sus aspectos educativos sino que, al reunir a los hermanos una vez por semana, les ayudará a adquirir el hábito de una actividad regular como siervos del Señor4.

¡Oh, Dios!, bendice al Santo Sacerdocio, a los hombres nobles, puros, justos, los hombres de honor e integridad, los hombres que se han congregado, muchos de ellos de diversas naciones de la tierra, por amor al Evangelio; muchos han nacido en el convenio del Santo Sacerdocio; y ruego a Dios que los bendiga, mis hermanos, con una abundancia de Su benevolencia, de Su misericordia y Su amorosa bondad, para que prosperen en la tierra, para que sean verdaderamente Sus siervos5.

Las organizaciones auxiliares dan a todos la oportunidad de prestar servicio bajo la autoridad del sacerdocio que preside.

El sacerdocio está a la cabeza y preside en todo. Los que lo poseen tienen el deber de velar por todas las organizaciones de la Iglesia, no sólo la del sacerdocio, sino todas las que se han instituido para beneficio de la gente en general: la Sociedad de Socorro, la Asociación de Mejoramiento Mutuo [ahora Hombres Jóvenes y Mujeres Jóvenes], la Primaria… y todas nuestras organizaciones que se han creado para ennoblecer al pueblo de Dios y para aumentar la verdad y la rectitud en la tierra. Todas deben recibir el cuidado y la atención vigilante y paternal y el profundo y constante interés de las autoridades de la Iglesia, ya sea las del barrio o las generales, pues los poseedores del sacerdocio están interesados en el bienestar del pueblo de Dios y en la edificación y el establecimiento de Sión en la tierra. Todas esas organizaciones que han sido formadas, establecidas y ordenadas por Dios deben escuchar a las autoridades que presiden y funcionar en armonía con ellas, honrándolas en sus cargos6.

En la Iglesia de Jesucristo no existe un gobierno que sea separado y aparte ni que esté por encima o sea independiente del Santo Sacerdocio o de su autoridad. Tenemos nuestras Sociedades de Socorro, Asociaciones de Mejoramiento Mutuo, Primarias y Escuelas Dominicales… pero estas organizaciones no son quórumes ni consejos del sacerdocio sino auxiliares del mismo y sujetas a él, y se han organizado en virtud del Santo Sacerdocio; no existen independientemente, no están por encima ni fuera de su alcance; reconocen el principio del sacerdocio y, dondequiera que existen siempre tienen la mira de efectuar algún bien, de lograr la salvación temporal o espiritual de algún alma7.

Quisiera decir que se espera que la Sociedad de Socorro, especialmente las [oficiales] generales de esa gran organización, velen por todas sus dependencias entre las mujeres de Sión. Ellas están a la cabeza de todas, deben estarlo y magnificar su llamamiento8.

Por medio de [las] organizaciones auxiliares hemos podido extender una mano orientadora y ejercer una influencia benéfica en muchos de nuestros hombres y mujeres jóvenes, a quienes habría sido difícil llegar a través de las organizaciones del sacerdocio. Hasta la fecha, estas organizaciones han llevado a cabo una obra fundamental excelente9.

Ruego a Dios que bendiga a todas nuestras organizaciones auxiliares, desde la primera hasta la última, para que cumplan su deber, para que no se vuelvan ociosas ni descuiden sus labores… Sólo estamos a salvo si hacemos algo, si trabajamos, si nos esforzamos al máximo, si estamos embarcados en el cumplimiento de nuestro deber; y cuando esa condición prevalece entre nosotros, estamos a salvo, porque entonces estamos en las manos de Dios y no en las del adversario10.

Todos debemos trabajar por el bienestar y la salvación de los demás.

Si nos dedicamos al cumplimiento de nuestro deber, estamos embarcados en una causa grande y gloriosa. Es esencial para nuestro bienestar individual que todo hombre y mujer que haya entrado en el convenio del Evangelio, por medio del arrepentimiento y el bautismo, sienta que tiene la obligación individual de utilizar su inteligencia y el albedrío que el Señor le ha dado para promover los intereses de Sión y establecer su causa en la tierra11.

Todos debemos estar dispuestos a trabajar por el bienestar y la salvación de la gente, a sacrificar nuestros propios deseos y sentimientos por el bien común, a tener la perfecta disposición de obedecer la voluntad del Todopoderoso sin ningún deseo personal sino el de servir los propósitos del Señor… Estamos obrando en bien de la salvación de las almas y debemos sentir que éste es el deber más grandioso que se nos ha encomendado. Por lo tanto, debemos estar dispuestos a sacrificarlo todo, si fuese necesario, por amor a Dios, por la salvación del hombre y el triunfo del Reino de Dios en la tierra12.

Esperamos ver el día… en que todo consejo del sacerdocio en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días entienda su deber, asuma su propia responsabilidad, magnifique su llamamiento y cumpla con el lugar que ocupe en la Iglesia, hasta el máximo, de acuerdo con la inteligencia y habilidad que posea… El Señor lo diseñó y lo comprendió desde el principio, y ha dispuesto en la Iglesia los medios para hacer frente a toda necesidad y satisfacerla mediante las organizaciones regulares del sacerdocio. Se ha dicho, y es verdad, que la Iglesia está perfectamente organizada; el único problema es que esas organizaciones no están completamente al tanto de las obligaciones que tienen. Cuando se den cuenta por completo de lo que se requiere de ellas, cumplirán sus deberes más fielmente y la obra del Señor será mucho más fuerte, más potente e influyente en el mundo13.

Todo hombre debe sentir en el corazón la necesidad de hacer lo que le corresponda en la gran obra de los postreros días; todos deben procurar ser instrumentos que contribuyan a su avance. Más particularmente, todo aquel que posea parte alguna de la autoridad del Santo Sacerdocio tiene el deber de magnificar y honrar ese llamamiento; y en ningún otro lugar podemos empezar a hacerlo con más provecho que aquí, dentro de nosotros mismos; y cuando hayamos limpiado el interior del plato, purificado nuestro propio corazón, corregido nuestra propia vida y concentrado la mente en cumplir todo nuestro deber hacia Dios y el hombre, estaremos preparados para ejercer una influencia benéfica en el círculo familiar, en la sociedad y entre toda clase de personas14.

Los hombres y mujeres que son honrados ante Dios, que recorren su arduo camino humildemente, cumpliendo con su deber, pagando el diezmo y practicando la religión pura y sin mácula ante Dios el Padre, que consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y en guardarse sin mancha del mundo [véase Santiago 1:27]; que ayudan a velar por los pobres, que honran el Santo Sacerdocio y evitan los excesos, que oran con su familia y de corazón reconocen al Señor, éstos establecerán un fundamento contra el cual las puertas del infierno no podrán prevalecer; y si vienen las inundaciones y la tempestad da con ímpetu contra su casa, no caerá, porque estará fundada sobre la roca de la verdad eterna [véase Mateo 7:24–27]15.

Sugerencias para el estudio

  • ¿Qué nos enseña el ejemplo de Jesús en cuanto al empleo de la autoridad del sacerdocio?

  • La ordenación al sacerdocio, ¿en qué sentido es “un nombramiento al servicio humilde”?

  • ¿Qué propósito tienen las organizaciones auxiliares de la Iglesia? ¿De qué manera son una bendición para los miembros de la Iglesia? ¿Por qué es importante saber que las organizaciones auxiliares funcionan bajo la dirección del sacerdocio?

  • ¿Cuáles son los beneficios de sostenernos y honrarnos mutuamente en nuestros llamamientos y responsabilidades de la Iglesia?

  • ¿Qué debemos sentir con respecto a obrar “en bien de la salvación de las almas”? ¿Qué sacrificios han hecho otras personas para obrar por la salvación de ustedes? ¿Qué sacrificios harían ustedes en beneficio de otros?

  • ¿Qué quiere decir que nos demos “cuenta por completo” de nuestras obligaciones? ¿Cuál será el resultado si eso sucede? • ¿Qué significa recorrer el “arduo camino humildemente”? ¿Qué bendiciones reciben los que lo hacen?

Notas

  1. Gospel Doctrine, quinta edición, 1939, pág. 504.

  2. Joseph F. Smith, Anthon H. Lund, Charles W. Penrose, “On Titles”, Improvement Era, marzo de 1914, pág. 479.

  3. Deseret News (semanario), 10 de diciembre de 1879, pág. 2.

  4. En James R. Clark, compilador, Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latterday Saints, 6 tomos, 1965–1975, tomo IV, pág. 195.

  5. En “Conference Report”, octubre de 1911, pág. 132.

  6. Deseret Weekly, 9 de enero de 1892, pág. 70.

  7. Gospel Doctrine, pág. 144.

  8. Gospel Doctrine, pág. 386.

  9. Gospel Doctrine, pág. 393.

  10. En “Conference Report”, octubre de 1911, págs. 131–132.

  11. Deseret News: Semi-Weekly, 28 de noviembre de 1876, pág. 1.

  12. Deseret News (semanario), 10 de diciembre de 1879, pág. 2.

  13. Gospel Doctrine, págs. 159–160.

  14. Gospel Doctrine, pág. 168.

  15. Gospel Doctrine, págs. 7–8.

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