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Doctrina y Convenios nos ayuda a comprender mejor a Jesucristo

La meta de todo fiel Santo de los Últimos Días es obtener la vida eterna y vivir en la presencia de Dios. Dado que por Adán todos los hombres hemos caído y hemos quedado sujetos al pecado y a la corrupción, todos dependemos de la expiación de Cristo por ser la única forma de obtener la vida eterna, el más grande de los dones de Dios (véase D. y C. 6:13; 14:7). Doctrina y Convenios ayuda a que entendamos al Salvador: su papel, sus atributos divinos, su misión y su segunda venida. Todo ello se enseña en una forma concisa y clara en este libro. Este texto de Escrituras también enseña la relación que debe existir entre el hombre y Cristo y la responsabilidad del primero de obtener la vida eterna.

La misión eterna de Jesucristo
El poderoso Elohím es el Padre de los espíritus de todos los hombres que han vivido y que vivirán en la tierra. Sus hijos espirituales son ciertamente innumerables. Entre esta imponente hueste, en la vida preexistente, se destacó uno semejante a Dios el Eterno Padre (véase Abraham 3:24) que fue conocido por los nombres de Jehová y el Gran Yo Soy (véase D. y C. 29:1; 39:1; 109:34, 42, 56; 110:3-4; 128:9). Fue El que vino a la tierra como Jesús, el Salvador de la humanidad. Doctrina y Convenios nos aclara la misión eterna del Salvador.
Jehová fue el primogénito entre los hijos espirituales de Elohím (véase D. y C. 93:21), y como tal, llegó a ser el heredero legal de todo lo que el Padre tiene. Fue así como sobre el gran Jehová recayó la responsabilidad de ejecutar el plan de salvación decretado por el Padre, a través del cual el resto de sus hijos espirituales pudieran tener la oportunidad -mediante obediencia- de llegar a ser coherederos con el Primogénito (véase Hugh B. Brown, en Conference Report, oct. de 1963, pág. 92).
El Salvador es el creador de todas las cosas. Doctrina y Convenios enseña este principio (véase D. y C. 14:9; 29:31; 38:3; 45:1; 76:24; 93:10; 95:7). Concerniente al estado o posición preterrenal del Salvador, el élder Bruce R. McConkie declaró:
“Creemos, y yo testifico, que Jesucristo es el Primogénito de los hijos espirituales de Elohím, que es Dios, nuestro Padre Celestial. Creemos que mientras vivió en el mundo preexistente, en virtud de su gran inteligencia, de su progreso y obediencia, alcanzó el estado de un Dios. Y entonces llegó a ser, bajo la dirección del Padre, el Creador de este mundo y de todas las cosas que en él hay, así como también el Creador de mundos incontables.
“Creemos que El es el Jehová del Antiguo Testamento; que fue mediante El que Dios el Padre trató con todos los antiguos profetas, revelándoles su voluntad y el plan de salvación.
“Cristo dio el evangelio a los primeros hombres comenzando con Adán y siguiendo con los descendientes de éste, de una dispensación a otra, hasta el presente. Y todo lo que se ha dado como parte del evangelio y todo lo que se relaciona de alguna forma con él se ha dado con el propósito de dar testimonio de Cristo y de su misión divina. (En Conference Report, oct. de 1948, págs. 23-24.)
El Salvador es la luz del mundo. Al explicar esta característica del Salvador, el élder Bruce R. McConkie describió “por lo menos tres aspectos, ligados entre sí, que muestran la forma en la que nuestro Señor es la Luz del Mundo. Ellos son:
“1. Mediante su luz, Cristo gobierna y controla el universo y da vida a todo lo que en él hay (véase D. y C. 88:6–10). . .
“2. A través de esta luz que llena la inmensidad -y también mediante el poder del Espíritu Santo algunas personas fieles- alumbra la mente y vivifica
el entendimiento (véase D. y C. 88:11).
“3. Por su propia vida recta, inmaculada y perfecta en la preexistencia, en la tierra y en la gloria después de resucitado, da un ejemplo perfecto y es capaz de decir a todos los hombres: ‘Vengan a mí’ (D. y C. 45:5).
“Lo que comprendemos de la Luz de Cristo es limitado”, dijo el élder McConkie. Y continuó: “Los poderes y la capacidad finitos y mortales no pueden entender lo que es infinito. Pero conocemos ciertos principios básicos, entre los que se encuentran éstos:
“1. Que es la luz que procede de la presencia y persona de Dios y que llena la inmensidad y, por lo tanto, se encuentra en todas partes (véase D. y C. 88:12).
“2. Que es la que ejecuta el poder de Dios, la ley por la cual todas las cosas se gobiernan (véase D. y C. 88:13).
“3. Que es el poder divino que da vida a todas las cosas, y que si se retirara por completo, no habría vida (véase D. y C. 88:13).
“4. Que ilumina la mente y vivifica el entendimiento de todo el que nace en este mundo (véase D. y C. 84:46) …
“5. Que insta a todos los hombres a hacer lo bueno, a menos que se rebelen contra la luz y la verdad y, en este caso, el Espíritu se retira (véase D. y C. 88:7; 93:9).
“6. Que quienes escuchan su voz aceptan a Cristo, reciben su evangelio, se bautizan y obtienen el don del Espíritu Santo. (Moro. 7:12-18; D. y C. 84:43-53; 88:7-3)” (The Promised Messiah, págs. 208-9).
Doctrina y Convenios respalda todo lo dicho por el élder McConkie.

Los atributos eternos de Jesucristo
El Salvador posee atributos o cualidades divinas que están desarrolladas al máximo en El debido a su total obediencia a la voluntad del Padre. (Véase D. y C. 93:11-17; véase también Notas y comentario sobre esos versículos en este manual. Allí se verá una explicación de cómo el Salvador obtuvo la plenitud de los atributos del Padre.) Es imperativo que el hombre entienda estos atributos a fin de poder ejercer fe en Dios. El profeta José Smith explicó lo siguiente: “El propósito que tuvo Dios al hacer conocer sus atributos a la familia humana fue que al conocerlos pudieran ejercer fe en El, y de ese modo alcanzar la vida eterna. Pues, sin tener una idea de cuáles eran los atributos de Dios, la mente del hombre no podía tener fe en El para lograr la vida eterna”. (Lectures on Faith, 4:2.)
Algunos de los atributos del Señor que menciona el profeta José Smith son el conocimiento, la fe o el poder, la justicia, el poder de castigar, la misericordia y la verdad (véase Lectures on Faith, 4:41-43).
Doctrina y Convenios testifica en cuanto a estos atributos y ayuda a aumentar el entendimiento que uno pueda tener de muchos de ellos.
La omnisciencia del Salvador. Hay quienes insisten en enseñar que el Salvador y aun Dios el Padre siempre están aprendiendo. Esta enseñanza no concuerda con lo que enseñan las Escrituras, que dicen que Dios sabe todas las cosas (D. y C. 38:2; 88;6; 41; 2 Nefi 2:24; 9:20; Mormón 8:17; Moroni 7:22). Hablando con respecto al error de pensar que Dios todavía aprende, el élder Bruce R. McConkie dijo:
“Y aún hay aquellos que apoyan la teoría casi increíble de que Dios es un alumno eterno matriculado en la Universidad del Universo, donde diligentemente se ocupa en aprender nuevas verdades y acumular conocimientos nuevos y extraños.
“Resulta despreciable -casi una blasfemia- degradar al Señor Dios Omnipotente diciendo que es un ídolo, una imagen o una entidad de espíritu, o que siempre está aprendiendo sin poder llegar al conocimiento de toda la verdad (véase 2 Timoteo 3:7).” (Liahona, febrero de 1981, pág. 107.)
El conocimiento que Dios posee incluye el pasado, presente y futuro (véase D. y C. 130:7). La historia de la pérdida de las 116 páginas manuscritas de la traducción del Libro de Mormón es un buen ejemplo del conocimiento que Dios tiene de las cosas (véase Palabras de Mormón, 3—7; D. y C. secciones 3 y 10).
Cristo es omnipotente. Siendo perfectamente obediente a la voluntad del Padre, Jesús efectuó la Expiación y, según sus propias palabras, retuvo todo el poder para sí (véase D. y C. J 9:3; 49:6; 61:1). Doctrina y Convenios, como otros libros canónicos, da testimonio de que la Trinidad posee todo poder. No hay nada en el universo con suficiente poder para “detener mi mano” (D. y C. 38:33). El vocablo poder se utiliza repetidas veces en Doctrina y Convenios, y en la mayoría de los casos es para dar testimonio del poder de Dios y de la forma en que lo usa para beneficio de su pueblo.
Cristo es la fuente de justicia y los castigos justos. Una de las cosas más reconfortantes que se derivan de la fe en el Salvador es el conocimiento de que en algún momento todo mejorará y que se hará justicia. Hay algo inherente en casi todos los hombres que clama para que se corrija lo malo, se aclaren las obligaciones, se imparta una justa recompensa o un justo castigo, según el caso. En muchas ocasiones en Doctrina y Convenios, el Señor da testimonio de que El es un Dios justo y que todos los hombres serán llevados a juicio, recibiendo bendiciones por la obediencia y castigos por todas las transgresiones de las que no haya habido arrepentimiento (véase, por ejemplo, D. y C. 3:4; 10:28; 39:16-18; 82:4; 84:102; 107:84; 109:77).
La misericordia de Cristo. Conocer el grandioso poder de Dios y sus promesas continuas de juzgar a los hombres sería de por sí bastante para asustar y desanimar si uno no supiera que El también posee amor y misericordia perfectos. Además de las muchas promesas de misericordia y perdón para el que se arrepiente (véase, por ejemplo, D. y C. 3:10; 29:1; 38:14; 54:6; 61:2; 76:5; 88:40), Doctrina y Convenios contiene algunas de las expresiones más tiernas y afectuosas del Salvador dirigidas a sus siervos y a su pueblo:
“Sé fiel y diligente… y te estrecharé entre los brazos de mi amor” (D. y C. 6:20).
“No tengáis miedo, hijos míos, de hacer lo bueno” (D. y C. 6:33).
“No temáis, rebañito” (D. y C. 6:34).
“Desde ahora os llamaré mis amigos” (D. y C. 84:77).
“Os llamaré amigos, porque sois mis amigos” (D. y C. 93:45).
“A los que amo también castigo… y yo os he amado” (D. y C. 95:1}.
Cristo es la verdad. Doctrina y Convenios contribuye considerablemente a la comprensión de este atributo, dado que en este libro se revela que la verdad es la
luz (véase D. y C. 84:45; 88:6-7); la verdad es eterna (véase D. y C. 88:66); la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser
(véase D. y C. 93:24).
El élder Bruce R. McConkie explicó lo siguiente:
“Cristo es la Verdad, significando que es la personificación de toda verdad. ‘Yo soy el camino, la verdad, y la vida’ Ouan 14;6; Eter 4:12); ‘Yo soy el Espíritu de verdad’ (D. y C. 93:26). El es el paladín de la verdad, el revelador de la verdad, el defensor de la verdad. Su palabra es verdad y todas sus obras se sujetan a ella”. (Mormon Doctrine, pág. 810; véase también D. y C. 93:12-13, 16-20, 28, 36.)
Todas las Escrituras dan testimonio y enseñan en cuanto a los atributos de Dios, y Doctrina y Convenios se une a los demás libros canónicos con potente voz en este testimonio.

La misión eterna de Jesucristo
Solamente mediante Cristo es posible la salvación. Como Jesucristo era Dios aun en el estado mortal, poseía poderes y habilidades que ninguna otra persona ha tenido jamás. Era el Unigénito de Dios y poseía los poderes y la inteligencia de Dios mismo. Era perfecto en su naturaleza. En consecuencia pudo cargar con los pecados de todos los demás seres, sufrir por ellos para que, si se arrepentían, no tuvieran que sufrir ellos.
Jesús no sólo tenía la capacidad de sufrir por los pecados de todos sus hermanos y hermanas, sino que estaba dispuesto a hacerlo, demostrando así su gran amor. Efectuó esta redención mediante un acto voluntario llamado la Expiación, en el que tomó sobre sí los pecados de todo el género humano. El intenso sufrimiento del Salvador comenzó en el Jardín de Getsemaní y finalizó en el Calvario. Lucas describió el sufrimiento del Señor en el Jardín como de tal intensidad que “era su sudor como grandes gotas de sangre” (Lucas 22:44). Muchos eruditos dicen que este pasaje debe tomarse como metafórico y no literal, es decir, que Jesús transpiró copiosamente sin que de sus poros emanara sangre. Doctrina y Convenios contradice esta teoría al describir con más detalles aún el sufrimiento increíble que soportó nuestro Señor (véase D. y C. 19:15-19; 76:69).
Cristo sufrió como solamente un Dios puede sufrir, tanto corporal como espiritualmente. Por voluntad propia bebió la copa (véase Lucas 22:42). En aquel solitario Jardín de Getsemaní, consagrado por su presencia, “sufrió el dolor de todos los hombres, a fin de que todo hombre pueda arrepentirse y venir a él” (D. y C. 18:11). El élder Mar!o G. Romney expresa la intensidad de su sufrimiento con estas palabras: “Jesús … fue al Jardín de Getsemani. Allí fue donde sufrió con más intensidad. Sufrió muchísimo en la cruz, por supuesto, pero otros hombres habían muerto crucificados; de hecho, al morir El en la cruz había un hombre a cada lado suyo que padecía una suerte similar. Pero ningún hombre, ni grupo de hombres, ni todos los hombres puestos juntos, han sufrido nunca lo que el Redentor sufrió en el Jardín”. (En Conference Report, oct. de 1953, pág. 35.)
El élder Romney también dijo: “El sufrimiento que aceptó soportar, y que soportó, equivalió al sufrimiento combinado de todos los hombres” (en Conference Report, oct. de 1969, pág. 57; cursiva agregada).
Doctrina y Convenios testifica que Jesús, en el momento de la Expiación, descendió por debajo de todas las cosas -queriendo decir que sufrió la agonía del infierno por todos los hombres para que ellos no sufran si se arrepienten (véase D. y C. 88:6; 122:8).
Dado que sufrió hasta ese punto, no hay pecado, no hay dolor, no hay sufrimiento que El no pueda comprender. Conoce la debilidad de cada individuo.
Comprende a cada persona mejor que la persona misma, y sabe “cómo socorrer a los que son tentados” (D. y C. 62:1).

Relación del hombre con Cristo
Mediante la expiación de Cristo, todos los hijos de Dios pueden obtener la salvación. Es responsabilidad de cada persona arrepentirse, creer en Cristo y luego
perdurar fielmente hasta el fin (véase D. y C. 20:29). La expiación de Cristo, combinada con una obediencia voluntaria a su evangelio, permite al hombre llegar a ser hijo de El (véase D. y C. 39:4–6; 11:30; 25:1).
Así, obedeciendo todos los mandamientos pertinentes a su evangelio, uno puede recibir el poder y atributos de Cristo mismo y llegar a ser su hijo o hija. Finalmente, mediante la gracia de Dios, uno puede recibir la plenitud del poder y atributos divinos, y hacerse perfecto “mediante Jesús …que obró esta perfecta expiación derramando su propia sangre” (D. y C. 76:69).
En Doctrina y Convenios se exhorta a todos los hombres a que tomen sobre sí Su nombre, pues sólo en Su nombre hay salvación: “Tomad sobre vosotros el nombre de Cristo, y declarad la verdad con circunspección. Y cuantos se arrepientan y se bauticen en mi nombre -el cual es Jesucristo- y perseveren hasta el fin, tales serán salvos. He aquí, Jesucristo es el nombre dado por el Padre, y no hay otro nombre dado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo … por tanto, si no saben el nombre por el cual son llamados, no hay lugar para ellos en el reino de mi padre” (D. y C. 18:21-25). Quienes creen en su nombre y obedecen sus mandamientos encontrarán descanso (véase D. y C. 38:4), el cual equivale a la vida eterna en su presencia (véase D. y C. 45:3–5).

La venida de Cristo en su gloria
El 3 de abril de 1836 Elías el Profeta se les apareció en el Templo de Kirtland a José Smith y a Oliverio Cowdery en cumplimiento de la profecía hecha por Malaquías (véase Malaquías 4:5–6; D. y C. 110:13–16). El profeta Elías testificó que había venido para que los miembros de la Iglesia supieran “que el día grande y terrible del Señor está cerca, aun a las puertas” (D. y C. 110:16). La venida de Cristo en gloria (véase D. y C. 34:7-8) para reinar con los justos durante mil años (véase D. y C. 29:11, 17) es un acontecimiento anhelado por los santos de todas las dispensaciones. Esta dispensación tiene el privilegio de hacer los preparativos finales para su venida y de asegurar que el reino de Dios esté preparado para recibirlo (véase D. y C. 65:6). Antes que venga Cristo, habrá miembros de la Iglesia que digan que Cristo demora su venida y, en consecuencia, no estarán preparados (véase D. y C. 45:26). Corresponde a todos vivir como si el Salvador fuera a venir mañana (véase D. y C. 64:23), pues quienes estén preparados no tienen necesidad de temer.
Doctrina y Convenios es como un manual con instrucciones referentes a la Segunda Venida. Está llena de profecías, promesas, aclaraciones y nuevas revelaciones referentes a las calamidades que precederán a esta venida gloriosa, a la Segunda Venida en sí y a las condiciones que prevalecerán durante el reinado milenario del Salvador….

Resumen
Doctrina y Convenios da testimonio de Cristo. Así como el Libro de Mormón es un segundo testigo de Cristo, también, con igual validez, Doctrina y Convenios podría catalogarse de la misma forma. Afirma que El fue el Primogénito del Padre; que por El los mundos fueron creados; que vino a la tierra como el Unigénito de Dios en la carne; que sufrió tentaciones, obró milagros, proclamó su evangelio e invitó a todos a venir a El, arrepentirse y recibir las ordenanzas del evangelio. En Doctrina y Convenios el Salvador testifica que padeció el sufrimiento de todos los hombres y que efectuó una expiación perfecta; que fue crucificado, sepultado y que fue al mundo de los espíritus donde declaró su evangelio eterno y la doctrina de la resurrección a una innumerable compañía de espíritus de hombres justos; y llamó y comisionó a mensajeros para que enseñaran a los espíritus de los malvados y desobedientes.
En este libro el Señor también dice que el tercer día después de su muerte, se levantó otra vez y apareció a muchos, incluyendo a los nefitas en el continente americano y a las diez tribus, que ascendió al cielo donde se sienta en gloria a la diestra de su Padre y que promete venir de nuevo a reinar con los santos justos durante mil años.
Doctrina y Convenios es una fuente de gran fortaleza y al exponer nuevos aspectos ayuda a que uno acreciente el conocimiento que tiene del Salvador en todo aspecto. Es un texto de Escrituras que los Santos de los Últimos Días deben estudiar con dedicación.

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