Fuente de la Doctrina

Dios es la fuente de la doctrina. No es inventada o desarrollada por el hombre. Se basa en la verdad eterna y es revelada por Dios al hombre. Se puede entender correctamente sólo por revelación, por medio del Espíritu de Dios (1 Corintios 2:11-14;Jacob 4:8).

Dios dispensa verdades eternas “línea sobre línea, precepto por precepto” (2 Nefi 28:30). De vez en cuando, ha revelado la plenitud del Evangelio, y los que lo han aceptado y vivido fueron recibidos en su presencia. Cuando la gente ha ignorado o rechazado su evangelio, Dios en ocasiones ha retenido su Espíritu, y la gente ha tenido que vivir en un estado de oscuridad espiritual (ver Apostasía).

Dios revela tanta luz como la humanidad está dispuesta a cumplir. Por lo tanto, cantidades variables de la verdadera doctrina han existido en la tierra en diferentes períodos de tiempo, y la gente en la tierra durante la misma época ha disfrutado de diferentes cantidades de verdad. En este sentido, no se puede decir que sea una historia de la doctrina, es decir, un relato de cómo, con el tiempo, la humanidad o bien ha crecido o disminuido en el conocimiento de las cosas de Dios, el hombre y el mundo. José Smith enseñó: “Este es el principio de acuerdo con el cual funciona el gobierno de los cielos: por revelaciones que se adapten a las circunstancias en que se hallaren los hijos del reino” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pagina 312).

Hay muchos factores que determinan cuánto Dios revela, a quién, y bajo qué circunstancias. Estos incluyen (1) quien toma la oportunidad de preguntar al Padre en nombre de Cristo; (2) cuanta fe tienen aquellos que buscan conocimiento; (3) para que ellos preguntan; (4) lo que es bueno para ellos recibir (DyC 18:18); (5) lo dispuestos que están a obedecer lo que se ha dado (Alma 12:9-11); (6) que es lo que la voluntad y la sabiduría de Dios requiere, pues da “todo lo que él juzgue conveniente que deberían tener” (Alma 29:8); (7) si la fe de la gente necesita ser probada (Mormón estaba a punto de escribir más, pero “el Señor lo prohibió, diciendo: Voy a probar la fe de mi pueblo”) [3 Nefi 26:8-11]; y (8) cuan espiritualmente preparadas están las personas para recibir la revelación (por ejemplo, Jesús enseñó a través de parábolas con el fin de proteger a los que no estaban preparados para entender [Lucas 8:10DyC 19:22]). Las verdades eternas que constituyen el evangelio no cambian, y finalmente todos los que sean exaltados en el reino de Dios las entenderán y aplicaran plenamente. Sin embargo, el conocimiento de la humanidad y la comprensión de estas verdades cambian, al igual que las políticas y prácticas de acuerdo a los niveles simultáneos de entendimiento y obediencia.

En la medida en que la casa de Dios “es una casa de orden… y no una casa de confusión” (DyC 132:8), tiene que haber alguien que puede hablar por Dios para toda la Iglesia y para resolver las diferencias. En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el profeta viviente es el único autorizado a “recibir revelaciones y los mandamientos” vinculantes para toda la Iglesia (DyC 28:1-743:1-7128:11). Desde el momento en que se organizó la Iglesia, hubo y siempre habrá – “un profeta, reconocido por Dios y su pueblo, que continuará interpretando la mente y la voluntad del Señor” (Spencer W. Kimball, Ensign 7 [Mayo 1977]:78). Generalmente, el profeta actúa de común acuerdo con sus consejeros de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles – quienes poseen, con el Profeta, las “llaves del reino” (DyC 81:2112:30) – con el principio de unanimidad del quórum y del común acuerdo de los miembros de la Iglesia que da poder y la validez a sus decisiones (DyC 26:2107:27-31). Actuando de manera colectiva y bajo la inspiración de Dios, estos líderes están autorizados para determinar la posición de la Iglesia en un momento dado en cuestiones de doctrina, política y práctica. Este es el canal adecuado a través del cual los cambios vienen. Los Santos de los Últimos Días creen que Dios “aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios” (A de F 9). Se espera que tales revelaciones implicaran una comprensión más amplia de la doctrina.

Muchas personas escriben o predican sus opiniones. Algunos, por medio del estudio y la obediencia, pueden aprender verdades que van más allá de la posición oficial de la Iglesia, pero esto no los autoriza a hablar oficialmente por la Iglesia o a presentar sus puntos de vista como vinculantes para la Iglesia. Hay muchos temas sobre los que las Escrituras no son claras y sobre los que la Iglesia no ha hecho ninguna declaración oficial. En estos asuntos, se pueden encontrar diferencias de opinión entre los miembros de la Iglesia y los líderes. Hasta que la verdad de estos asuntos sea dada a conocer por revelación, hay espacio para diferentes niveles de comprensión e interpretación de las cuestiones no resueltas.

Autores: Bradford, M. Gerald y Dahl, Larry E.

Doctrine: Meaning, Source, and History of Doctrine, Encyclopedia of Mormonism

Traducción libre e hipervínculos por Luis Castillo

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