La erudición de los primeros líderes de la Iglesia

La erudición es “un saber profundo en un tipo de conocimientos”. Algunos de los primeros lideres de la Iglesia son considerados como eruditos debido a sus profundos conocimientos de las escrituras y del evangelio restaurado.

Aunque son muchos, en este articulo solo mencionare a los más influyentes:

José Smith.- El profeta José Smith “amaba el aprendizaje”, escribió George Q. Cannon. “Amaba el conocimiento por el poder de rectitud que había en él. A través de las tribulaciones que lo habían rodeado desde el día en que dio a conocer a un mundo escéptico la comunión que él tenía con los cielos, siempre avanzó en la adquisición de inteligencia. El Señor le había mandado estudiar y él obedecía… Su mente, iluminada por el Santo Espíritu, captaba rápidamente todos los principios verdaderos; y uno por uno, fue dominando esos conceptos en los cuales llegó a ser un maestro”1. (“Capítulo 22: Obtengamos conocimiento de las verdades eternas,” Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith)

Parley Parker Pratt.- Fue un líder de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y un miembro del primer Quórum de los Doce Apóstoles desde 1835 hasta 1857. Sirvió en el Quórum con su hermano más joven, Orson Pratt. Fue misionero, poeta, escritor religioso, colonizador y editor durante algún tiempo de la publicación The Latter-day Saints Millenial Star. Fue una figura central al exponer las doctrinas del Evangelio, y sus publicaciones marcaron la pauta para futuros escritores. Realmente fue un hombre a quien por su fidelidad el Señor bendijo con una gran comprensión de las escrituras y sus misterios (D. y C. 97:3-5), siendo después de José Smith, el mejor teólogo de su época.

Joseph F. Smith.- “Procuró de todo corazón conocer a Dios el Eterno Padre y a Su Hijo Jesucristo, y servirles con toda la dedicación del alma. Habiendo sido bendecido con un entendimiento profundo del Evangelio, pudo guiar a los de su pueblo en los principios de la verdad eterna y estabilizar la Iglesia a través de los ataques que recibió de los antagonistas en los primeros años del siglo veinte.” (“El ministerio de Joseph F. Smith,” Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith)

“La primera parte del siglo veinte fue un período de acalorado debate entre los fundamentalistas y los liberales o modernistas religiosos. Hubo muchas personas que demostraron interés en saber qué pensaban los mormones sobre las controversias teológicas de la época. Los Santos de los Últimos Días tuvieron la buena fortuna de contar con la dirección del presidente Joseph F. Smith, un erudito con inusitada capacidad e inspiración para exponer los principios del Evangelio. El presidente Smith y sus consejeros en la Primera Presidencia publicaron varios tratados doctrinales aclarando las creencias de la Iglesia en cuanto a los temas religiosos de actualidad.” (LA HISTORIA DE LA IGLESIA EN EL CUMPLIMIENTO DE LOS TIEMPOS. Pagina 539)

Joseph Fielding Smith.- “En la Iglesia, Joseph Fielding Smith era reconocido como erudito de las Escrituras y del Evangelio. Desde niño, tenía un ávido deseo de buscar “conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118). Antes de cumplir diez años ya había leído dos veces el Libro de Mormón; y cuando sus amigos no sabían dónde estaba, muchas veces lo encontraban en el granero, leyendo las Escrituras11.

Años después, él dijo a una congregación: “…desde que aprendí a leer, he obtenido más placer y satisfacción del estudio de las Escrituras… que de cualquier otra cosa en todo el mundo”12 (véanse los capítulos 10 y 18).

En una oportunidad, el presidente Heber J. Grant (1856–1945) elogió el conocimiento del presidente Smith, diciéndole: “Lo considero a usted el hombre de mayor conocimiento de las Escrituras entre las Autoridades Generales de la Iglesia que tenemos actualmente”13. (Leal y fiel: Inspiración de la vida y las enseñanzas de Joseph Fielding Smith. Liahona, Enero 2014)

B. H. Roberts.- Entre los más influyentes escritores Santos de Últimos Días de su tiempo, BH Roberts (1857-1933) escribió ampliamente sobre una variedad de temas relacionados con la Iglesia, incluyendo el Libro de Mormón. Al igual que Reynolds y Sjodahl, él estaba interesado no sólo en las implicaciones teológicas del Libro de Mormón, sino también en su contexto histórico, geográfico y cultural. (Book of Mormon Studies, Encyclopedia of Mormonism)

James E. Talmage.- “Durante esos años hubo también un grupo de eruditos Santos de los Últimos Días cuyas contribuciones llevaron a una mayor comprensión del Evangelio. Uno de ellos fue James E. Talmage, que había sido profesor de ciencias en la Academia Brigham Young y después rector de la Universidad de Utah.
Ya desde 1891 se había tratado en la Primera Presidencia la conveniencia de publicar una obra de teología que pudiera emplearse en las escuelas de la Iglesia y en las clases de religión en general. Los líderes de la Iglesia le pidieron al hermano Talmage que escribiera esa obra.” 
(LA HISTORIA DE LA IGLESIA EN EL CUMPLIMIENTO DE LOS TIEMPOS. Pagina 539)

John Andreas Widtsoe.- Fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días desde 1921 hasta su muerte. Widtsoe fue también un notable autor, científico y académico.

Bruce R. McConkie.- Fue un destacado teólogo mormón, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días desde 1972 hasta su muerte. McConkie también fue miembro del Primer Quórum de los Setenta desde 1946 hasta que fue llamado al Quórum de los Doce.

Durante su servicio como autoridad general, McConkie publico varios libros y artículos doctrinales y escribió los encabezados de los capítulos que aparecen hoy en los libros canónicos de la iglesia.

Reflexión

En la actualidad algunos miembros mal informados rechazan las enseñanzas y escritos de algunas de estas Autoridades Generales, por eso concluyo con esta iluminadora reflexión de un reconocido erudito SUD:

“En otra ocasión el Presidente Hinckley les pidió a los Santos que “sigamos adelante en nuestra búsqueda de la verdad, particularmente los miembros de la Iglesia que reparemos en los puntos fuertes y en la virtud y en la bondad más bien que en los puntos débiles y en los defectos de aquellos que llevaron a cabo una obra tan grandiosa en su época. Admitimos que nuestros antecesores eran humanos y que indudablemente cometieron errores […] Ha habido sólo un hombre perfecto en la tierra, en nuestro planeta. El Señor se ha valido de personas imperfectas para llevar a cabo la obra de edificar Su sociedad perfecta. Si alguno de ellos hizo algún desatino alguna vez o si tuvieron un leve defecto en su carácter, sorprende aun más que hayan logrado tanto”.

Los profetas son hombres llamados de Dios para servir como portavoces del convenio para Sus hijos en la tierra, y, por lo tanto, no debemos tomar a la ligera lo que digan. Las primeras Autoridades Generales de esta dispensación fueron los profetas vivientes para sus contemporáneos, y mucho de lo que hoy creemos y practicamos descansa sobre el fundamento doctrinal que ellos colocaron. Pero la obra de la Restauración trae consigo la revelación gradual de la verdad divina al estilo línea por línea. Hace algunos años, mi colega Joseph McConkie les comentó a un grupo de educadores de religión:

Tenemos la erudición de los primeros hermanos sobre la cual construir. Tenemos la ventaja de tener historia adicional; estamos en una posición de ver algunas cosas con mayor claridad que como ellos las vieron […] Vivimos en mejores casas que en las que vivieron los antepasados pioneros […] pero esto no significa que seamos mejores o que nuestro galardón será mayor. De igual manera, nuestro entendimiento de los principios del evangelio debe estar mejor alojado, y constantemente debemos estar tratando de que así sea. No hay ningún honor en que estemos leyendo a la luz de las lámparas de aceite cuando se nos ha concedido una luz mayor.22

Así que es importante tomar nota de que al final el Señor nos tendrá por responsables por las enseñanzas, la dirección y el enfoque que nos brinden los oráculos vivientes de nuestro propio día, tanto sus comentarios basados en las escrituras canonizadas como de la escritura viviente que se nos entrega por medio de ellos mediante el poder del Espíritu Santo (véase DyC 68:3–4).” (¿Cuál es nuestra doctrina? Robert L. Millet es profesor de la historia y doctrina de la Iglesia y ex decano de Educación Religiosa en BYU.)

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