Mitos sobre las Enfermedades Mentales

Por Elder Alexander B. Morrison

De los Setenta

El aumentar nuestra comprensión sobre las enfermedades mentales nos ayuda a tratar a aquellos que las padecen con amor y compasión.

En el Libro de Mormón leemos que los nefitas, quienes habían sido obedientes a las leyes de Dios, “vivieron de una manera feliz” (2 Ne 5:27). Qué maravilloso y perspicaz pensamiento: si somos obedientes y seguimos los mandamientos de Dios seremos felices.

Sin embargo, es importante comprender que la felicidad no implica la ausencia de la adversidad. Cada individuo experimenta tentaciones, oposición, y aflicciones que ponen a prueba su fe y su perseverancia: “Pues es necesario que exista una oposición en todas las cosas” (2 Ne 2:11).

Entre las aflicciones más dolorosas que un individuo o una familia pueden enfrentar se encuentran las enfermedades mentales. Al referirme a la enfermedad mental no quiero implicar las preocupaciones emocionales o sociales temporales que son parte normal del desgaste de la vida, sino que me refiero a los desórdenes que causan desde disturbios moderados a los más severos en el pensamiento y el comportamiento. Si tales disturbios son suficientemente severos o de prolongada duración, pueden significar un impedimento en la capacidad del individuo de lidiar con las demandas ordinarias de la vida. Estas enfermedades incluso pueden poner en riesgo la vida misma, como en una depresión severa, o ser tan debilitantes que el que la padece es incapaz de funcionar efectivamente.

Aunque la ciencia médica ha hecho maravillosos avances en el siglo pasado en cuanto a resolver algunos de los misterios del cerebro, la verdad es que el conocimiento de esta compleja área del organismo está todavía en su infancia. Aún no sabemos con exactitud cómo funciona ni cómo o por qué algunas partes pueden no funcionar apropiadamente, pero una de las cosas de las que estamos seguros es que no hay individuo, familia, o grupo que sea inmune a los efectos de las enfermedades mentales. Además, estamos aprendiendo que muchas de las enfermedades mentales son el resultado de desórdenes químicos del cerebro, así como la diabetes es el resultado de desórdenes químicos en el páncreas. Si es así, ¿por qué entonces aún existen muchos malentendidos y temores que rodean a las enfermedades mentales?

Mitos e Ideas Falsas

Desafortunadamente existen mitos e ideas falsas entre los Santos de los Últimos Días, al igual que los hay entre el público en general. Estas actitudes dañinas incluyen las siguientes:

  1. Todas las enfermedades mentales son causadas por el pecado. No se equivoquen con esto. Pecar – actuar deliberadamente en contra de la voluntad de Dios – ocasiona comportamientos que no solamente nos dañan a nosotros mismos sino a otros; y por cada transgresión debe haber una consecuencia o castigo. Las demandas de la justicia son inexorables, a menos que la persona involucrada invoque el poder de la misericordia que ofrece la Expiación de Cristo a través del arrepentimiento del pecado y el reconocer a Cristo como su Salvador.

El poder del pecado para atormentar el alma está ejemplificado en las palabras del penitente Alma: “…me martirizaba un tormento eterno, porque mi alma estaba atribulada en sumo grado, y atormentada por todos mis pecados. …yo era atormentado con las penas del infierno. …el solo pensar en volver a la presencia de mi Dios atormentaba mi alma con indecible horror. ¡Oh si fuera desterrado – pensaba yo – y aniquilado en cuerpo y alma!” (Alma 36:12-15)

Aquellos que, al igual que Alma, experimentan pesar durante el proceso de arrepentimiento, no están mentalmente enfermos. Si los pecados son serios, son necesarios la confesión y el consejo de parte de sus obispos. Como parte de su llamamiento, cada obispo recibe poderes de sabiduría y discernimiento especiales. Ningún profesional mental, no importa cuán hábil sea, puede reemplazar a un fiel obispo cuando es guiado por el poder del Espíritu Santo al ayudar a los miembros de la Iglesia a pasar por el dolor, el remordimiento  y la depresión asociados al pecado. Sin embargo, habiendo dicho esto, se debe enfatizar que en muchos casos los pensamientos, las acciones y los sentimientos aberrantes que una persona tenga son consecuencias de una enfermedad mental, y no del pecado; y estos tienen su origen en la enfermedad, no en la transgresión. Estas enfermedades no son una forma en la que Dios castiga a los pecadores; asumir eso no solo es muy simplista, sino que también es contrario a las enseñanzas de la Iglesia.

La verdad es que muchos fieles Santos de los Últimos días que viven los mandamientos y honran sus convenios experimentan problemas de enfermedades mentales o tienen que lidiar con el intenso dolor y sufrimiento de miembros de su familia moralmente justos pero mentalmente enfermos. Sus cargas – y son muchas – pueden ser aliviadas únicamente por medio del amor, la comprensión y la aceptación.

  1. La culpa de padecer de una enfermedad mental es de alguien. Es una tendencia humana común culpar a otros o incluso a uno mismo por cualquier cosa que vaya mal en la vida. Muchas víctimas de las enfermedades mentales se desgastan emocionalmente en sus vanos intentos por recordar que hicieron ellos, sus padres, o alguna persona, para estar sufriendo de esa manera. Algunos le echan la culpa a una posesión demoníaca. Aunque no hay duda que tal cosa ha ocurrido, ¡cuidémonos de estar echándole la culpa al diablo de todo lo que esté andando mal en el mundo!

Hablando en general, los enfermos mentales no necesitan un exorcismo: ellos necesitan un tratamiento por un profesional de la salud calificado, y el amor, el cuidado y el apoyo de todos los demás.

Muy a menudo las víctimas se culpan a sí mismas. Muchos parecen incapaces de alejar de ellos el terrible e indefinido sentimiento de que de alguna forma, de alguna manera, ellos son la causa de su propio dolor, aun cuando no sea así. También los padres, los cónyuges u otros miembros de la familia atormentan sus propias mentes tratando inútilmente de determinar que hicieron mal. Oran una y otra vez pidiendo perdón aunque no exista ninguna evidencia de algo que tenga que ser perdonado. Por supuesto, en la gran mayoría de situaciones nada de esto funciona, por el simple hecho de que los pensamientos y las acciones de la víctima son el resultado de una enfermedad que no es causada por las acciones de otros, incluyendo a Dios.

Buscar al culpable de una enfermedad mental causa un sufrimiento innecesario a todos los involucrados y restan tiempo y energía que serían mejor usados en comprender mejor que está ocurriendo realmente: obtener una evaluación completa y un diagnóstico apropiado de la enfermedad, con el fin de entender las causas, de usar la medicación adecuada y de aprender técnicas cognitivas y de comportamiento que sean parte del proceso de recuperación. A medida que las víctimas, sus seres queridos, y todos nosotros obtengamos una mejor comprensión de estas enfermedades, la paciencia, el perdón y la empatía reemplazarán la negación, el odio y el rechazo.

  1. Todo lo que necesita una persona que padece alguna enfermedad mental es una bendición del sacerdocio. Soy un gran defensor de las bendiciones del sacerdocio. Sé, gracias a muchas experiencias personales, que hacen mucho bien. Sé también que la sanidad completa y total de una enfermedad mental, o de cualquier otro tipo, se obtiene gracias a la fe en Jesucristo. En cualquiera y en todas las situaciones, en enfermedad y salud, en los buenos y en los malos momentos, nuestras vidas mejorarán, serán más ricas y más pacíficas si nos volvemos a Él. Él dijo: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados… Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mat. 11:28-30). Él, y solo Él, tiene el bálsamo sanador de Galaad que todo hijo de Dios necesita.

Sin embargo comprendemos, sin el afán de denigrar el papel único de las bendiciones del sacerdocio, que los líderes eclesiásticos son líderes espirituales, no profesionales de salud mental. La mayoría de ellos no tienen ni el entrenamiento ni las habilidades profesionales para manejar adecuadamente una enfermedad mental bien arraigada, y se les ha dicho bien claro que busquen asistencia profesional competente para aquellos que están bajo su cuidado y que lo necesiten. Recuerden que Dios nos ha dado la tecnología y un asombroso conocimiento que puede ayudarnos a superar problemas severos tales como las enfermedades mentales. Así como no dudaríamos en consultar a un médico sobre otros problemas de salud como el cáncer, una enfermedad coronaria, o la diabetes, de la misma manera no deberíamos dudar en buscar ayuda médica y profesional para enfrentar una enfermedad mental. Cuando se busque tal ayuda, sean cuidadosos en asegurarse, en la medida de lo posible, que el profesional de la salud involucrado lleve a cabo prácticas y procedimientos que sean compatibles con los principios del evangelio.

  1. A las personas que padecen enfermedades mentales les falta fuerza de voluntad. Hay algunos que erróneamente creen que para sanar de una enfermedad mental sólo hay que “despabilarse, ponerse fuerte, y seguir con la vida”. Aquellos que piensan así demuestran una grave falta de conocimiento y compasión. El hecho es que las personas con enfermedades mentales severas no pueden simplemente, por su sola voluntad, salir de la situación en que se encuentran. Ellas necesitan ayuda, ánimo, comprensión, y amor. Cualquiera que haya sido testigo el insoportable sufrimiento de una persona con un severo ataque de pánico entiende bien que nadie sufriría de esa manera si tan solo se necesitase mostrar un poco de fuerza de voluntad. Nadie que haya sido testigo de la casi indescifrable tristeza de una persona con depresión severa que tal vez ni siquiera pueda levantarse de la cama, que llora todo el día o que se refugia en una apatía sin esperanza, o que trata de quitarse la vida, creerá por un momento que esa enfermedad mental es solo un problema de falta de voluntad. Nosotros no le decimos a las personas con problemas cardíacos o con cáncer: “Sólo madura y supéralo”, entonces, tampoco deberíamos tratar a los que padecen de una enfermedad mental de una manera tan poco caritativa y tan falta de servicio.
  2. Todas las personas que padecen enfermedades mentales son peligrosas y deben ser encerradas. Las noticias sensacionalistas e incompletas han creado los estereotipos de los enfermos mentales, caricaturizándolos de lunáticos trastornados y violentos, peligrosos para otros como para ellos mismos. La verdad es que gran parte de las personas que padecen una enfermedad mental no son violentas, y la gran mayoría de crímenes de violencia son cometidos por personas que no están mentalmente enfermas. 1

Además, en los últimos 40 años, se ha demostrado que en tanto estén disponibles medicamentos efectivos para las enfermedades mentales y se hayan desarrollado programas de apoyo eficaces, la mayoría de los enfermos mentales – al igual que ocurre con los que padecen una enfermedad física –  pueden tener vidas productivas en sus comunidades. No necesitan estar encerrados. Al igual que con cualquier otra persona, las personas mentalmente enfermas que reciben el tratamiento adecuado tienen el potencial para trabajar en cual cualquier nivel de cualquier profesión, dependiendo únicamente de sus habilidades, sus talentos, su experiencia y su motivación.

  1. Ni los niños ni los jóvenes padecen de enfermedades mentales. Como lo ha declarado el Instituto Nacional de Salud Mental, la verdad es que se estima que el 10 por ciento de los niños en los Estados Unidos padece un desorden de salud mental que perturba su funcionamiento en casa, en la escuela, o en la comunidad 2 La mayoría de los niños que se suicidan están profundamente deprimidos, y la mayoría de padres no reconocen esa depresión sino hasta cuando es ya muy tarde. Reitero: nadie es inmune a una enfermedad mental.
  2. No importa la causa, no se puede tratar la enfermedad mental. Como lo mencioné anteriormente, durante los últimos 40 años se han desarrollado numerosos medicamentos en industria farmacéutica multinacional. Se ha demostrado que estos productos son de un valor inestimable para millones de personas. Desafortunadamente no son perfectos, por el contrario, no son efectivos en todas las circunstancias. Pero estamos acercándonos más al día en el que los médicos tendrán a su alcance drogas eficaces específicas para corregir lesiones bioquímicas, sin los efectos secundarios que a menudo limitan la eficacia de los medicamentos de hoy. No tengo duda que tal desarrollo, el cual ya estamos empezando a ver, tendrá como resultado avances asombrosos en el tratamiento de las enfermedades mentales en la próxima década.

Ayudemos a quienes padecen dolor

Espero que estas pocas ideas sobre algunos de los mitos que rodean a las enfermedades mentales puedan ayudarnos a tener una mejor comprensión y nos quiten los estigmas y los prejuicios sobre este importante problema. Con el conocimiento y la comprensión llegan el amor, la aceptación, la empatía, y la inclusión. Que Dios nos bendiga para amar a todos Sus hijos, para que no abandonemos a ninguno, y para que elevemos y fortalezcamos a aquellos que están sufriendo y padeciendo dolor.

Ayudas para la Noche de Hogar

La mayoría de los artículos de la Ensign pueden ser usados para tratarlos en las noches de hogar, para la reflexión personal, o para la enseñanza del evangelio en diversos escenarios.

  1. Use el artículo del Élder Morrison como un test de verdadero/falso con su familia. Después de leer cada mito conversen de por qué es falso, usando las explicaciones del Élder Morrison.
  1. Pídale a los miembros de la familia que se imaginen a sí mismos en un hoyo profundo, estrecho y oscuro, sin escaleras o herramientas que puedan ayudarles a salir. ¿Qué cosas serías las más importantes que ustedes le pedirían a un rescatista? Asemejen el hoyo a una enfermedad mental e invite a los miembros de la familia a que deduzcan del artículo cuales serían las herramientas más importantes que alguien que sufre necesitaría para ser “rescatado”.

El Élder Alexander B. Morrison sirvió como miembro de los Setenta desde 1987 hasta el 2000.

Notas

  1. Véase Aaron Levin, “Violence and Mental Illness: Media Keep Myths Alive,” Psychiatric News, May 4, 2001, 10.
  2. Véase www.nimh.nih.gov/healthinformation/childmenu.cfm

Élder Alexander B. Morrison, “Myths about Mental Illness”, Ensign, octubre de 2005, pág. 31

Traducido por Walter Cruz

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